El Arte de Crecer
Encuentros con la Belleza que Sana

Acompañando la Maduración Anímica en el Segundo Septenio
(7 a 14 años)
La alternativa al acoso, a las relaciones conflictivas, a los trastornos mentales y al suicidio, por mencionar algunos problemas actuales de nuestra sociedad.
Durante una consulta, acompañando a un niño que atravesaba una situación problemática en la escuela, me compartió una frase que marcó profundamente el proceso:
“Mi desafío es ser yo mismo.”
Esta expresión revela con claridad cómo, en este septenio, ya es posible percibir movimientos profundos en el alma humana. Se abre aquí una nueva etapa de desarrollo: una vida interior más rica en sentimientos y emociones. Comienza a manifestarse con mayor fuerza la relación del Yo con el mundo exterior.
Nos encontramos ante una fase de mayor interiorización anímica, donde el intercambio con el entorno social se vuelve especialmente nutritivo y determinante. En este momento del desarrollo, el niño necesita ser acompañado con sensibilidad y respeto, ya que lo que vive en su interior se refleja directamente en su forma de estar en el mundo.
Los jóvenes, sin duda, encuentran en este período una necesidad vital: el ritmo. El ritmo les ofrece sostén, orientación y salud interna. Como señala Rudolf Steiner, el ritmo es portador de vida y de salud. Antonio Maragón, impulsor de numerosos centros educativos Waldorf, se preguntaba por qué hoy tantos niños presentan dificultades de concentración e hiperactividad. Su respuesta es clara: porque no se han respetado sus ritmos.
Todo aquello que implica secuencias repetitivas y predecibles brinda seguridad al niño. Lo desconocido genera inquietud, y la ausencia de ritmo puede derivar en debilidad y fatiga. De la fatiga surgen, a su vez, trastornos del sueño, irritabilidad y un estado general de nerviosismo que dificulta el descanso, las relaciones saludables, etc.
El niño de esta edad es, esencialmente, un ser rítmico. El ritmo constituye la base de su actividad curativa interna. Desde la pedagogía terapéutica, esta etapa del desarrollo se describe como una fase de madurez respiratoria y rítmica, considerada una de las etapas más saludables de la biografía humana.
El ideal de esta etapa es la belleza
EL MUNDO ES BELLO
Para acompañar el desarrollo de un niño sano es necesario despertar las fuerzas del arte.
La actividad artística —como la pintura, el modelado, el canto, la palabra o el movimiento— actúa como una auténtica fuerza de salud y curación.
En nuestra época, la educación debe significar cura. Este proceso se fortalece cuando se acompaña de un vínculo vivo con la naturaleza, a través de salidas y experiencias al aire libre.
Inspirado en la pedagogía de Rudolf Steiner






